En el país donde vivimos, nacimos y crecimos, cuando gobernaba Joaquín Balaguer las vidas de nosotros los jóvenes de entonces, pendía de un hilo. En ese tiempo estaba restringido leer; por no decir prohibido; salir a la calle con un libro en las manos era peligroso, la lectura era vigilada y aunque no había decreto o ley al respecto, de hecho, la prohibición existía.

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