Rio San Juan, María Trinidad Sánchez, RD.- El salitre se pega a los ojos y el viento de la costa norte me golpea con la fuerza de un ventarrón. Voy a bordo de una lancha de un solo motor que zarpó hace apenas quince minutos desde los manglares suspendidos de la Laguna Gri-Gri. El océano Atlántico se muestra como un lienzo de degradaciones de azul de oleaje largo.

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