SANTIAGO. – La ciudad que tantas veces lo vio fajado desde la lomita terminó abrazándolo como uno de los suyos. El ex lanzador cubano de Grandes Ligas Yunesky Maya, figura recordada como refuerzo de impacto en el béisbol dominicano por su entrega y resultados, fue distinguido este jueves como “Hijo Adoptivo de Santiago de los Caballeros”, en una ceremonia cargada de emotividad.
La declaratoria fue aprobada por el Concejo Municipal mediante la Resolución núm. 3494-25, a solicitud del alcalde Ulises Rodríguez, y se sustentó en la trayectoria deportiva del serpentinero y en los valores que proyectó dentro y fuera del terreno.
Durante el acto, Rodríguez resaltó el vínculo que Maya construyó con Santiago y con la fanaticada, especialmente por su paso por las Águilas Cibaeñas, equipo con el que —en lenguaje de pelota— “tiró con el pecho” cada vez que le tocó asumir responsabilidades en momentos de presión.
Como parte central de la ceremonia, a Maya le fue entregado un pergamino oficial con la designación, de manos del alcalde Rodríguez y del presidente de la Sala Capitular, Cholo de Oleo, en medio de aplausos y un ambiente de reconocimiento genuino.
Visiblemente conmovido, el homenajeado agradeció el gesto y recordó que llegó a Santiago en la temporada 2015-2016 atravesando una etapa difícil por lesión, pero que en esta ciudad encontró un renacer personal y profesional. “Llegué… pensando que mi carrera había terminado…”, expresó, dejando ver la carga emocional que le acompañó en el momento.
A la actividad asistieron autoridades municipales, directivos de las Águilas encabezados por su presidente Víctor García Sued, junto a Carlos Sánchez y Kristen Castro, miembros del Consejo. También estuvo presente una representación de jugadores del conjunto, además del ex grandes ligas Carlos Gómez, parte del equipo de Operaciones. Familiares del homenajeado y personalidades del deporte completaron la concurrencia, incluyendo al director municipal de Deportes, Pappy Pérez, entre otros invitados.
La distinción a Maya no solo celebró una carrera, sino un sentimiento: el de un pelotero que se ganó el respeto a fuerza de competitividad y carácter, y que hoy queda oficialmente ligado a la Ciudad Corazón.




