SANTIAGO.- Escoger talento es relativamente fácil cuando sobran las herramientas. Lo difícil es proyectar quién podrá convertirlas en producción, mantenerse saludable, recibir permiso de su organización y, finalmente, aportar en el exigente escenario de la pelota invernal dominicana.

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Esa es la frontera que separa una selección atractiva de un verdadero acierto en el Draft de Novatos de LIDOM.

Desde el nacimiento del sorteo en 2002, las Águilas Cibaeñas han utilizado su primera selección en 23 jugadores. El Draft no se celebró en 2020 debido a la pandemia. El resultado general revela buen ojo para identificar talento: 19 de esos 23 escogidos llegaron a las Grandes Ligas.

La cifra equivale a un notable 82.6 %. Si se excluyen los cuatro prospectos más recientes que todavía están construyendo sus carreras —Rafael Morel, Leodalis De Vries y Edward Florentino, además de Keury de la Cruz, el único de la etapa anterior que no llegó—, la capacidad de proyección de las Águilas luce todavía más sólida.

Pero hay una diferencia que el análisis beisbolero no puede ignorar: llegar a las Mayores no significa necesariamente haber sido útil para las Águilas.

El primer pick debe producir aquí

En LIDOM, el valor de una escogencia tiene varias caras. Puede convertirse en jugador regular, ayudar a ganar campeonatos, servir como moneda de cambio o elevar el patrimonio deportivo de la franquicia. También puede alcanzar las Grandes Ligas y nunca tomar un turno con el equipo que lo seleccionó.

Por eso, la evaluación no puede limitarse al currículum de MLB.

Jeimer Candelario, Domingo Leyba, Amed Rosario y Luis García Jr. llegaron al máximo nivel del béisbol, validando la proyección de los scouts. Sin embargo, ninguno produjo para las Águilas antes de ser negociado. Candelario pasó a los Toros; Leyba y Rosario terminaron en las Estrellas, mientras García fue enviado a los Gigantes. La propia historia publicada por las Águilas reconoce que esos jugadores no llegaron a actuar con el conjunto antes de ser cambiados.

¿Fueron malas selecciones? No necesariamente.

Candelario, Amed Rosario y Luis García demostraron en las Grandes Ligas que la evaluación original tenía fundamento. Además, sus derechos permitieron obtener piezas como Santiago Espinal, Jerar Encarnación, Jesús Liranzo y Deivy Grullón.

Fueron aciertos de proyección, pero no éxitos directos sobre el terreno con el uniforme amarillo.

 

Los batazos que sí encontraron el blanco

La historia ofrece selecciones que aprobaron las dos pruebas: desarrollaron carreras importantes fuera del país y dejaron huellas en la pelota dominicana.

Melky Cabrera representa uno de los aciertos más completos. Escogido en 2004, alcanzó una extensa carrera en las Mayores, fue campeón de la Serie Mundial con los Yankees y también tuvo presencia importante en la alineación cibaeña.

Samuel Deduno, seleccionado en 2005, se convirtió en una pieza de rotación. No fue solamente un nombre con experiencia de Grandes Ligas: tomó la pelota, trabajó entradas de presión y respondió en el box.

Francisco Peña y Wilin Rosario confirmaron otra lectura acertada. Ambos llegaron a MLB y ofrecieron profundidad en una posición premium. Peña construyó una larga permanencia en la liga, mientras Rosario se colocó entre los receptores activos con mayor producción de cuadrangulares en LIDOM

Jonathan Villar también justificó la apuesta de 2010. Su velocidad, versatilidad defensiva y agresividad en las bases lo convirtieron en un jugador de impacto tanto en las Mayores como en el béisbol otoño-invernal.

Óscar Taveras fue quizás la escogencia más brillante desde el punto de vista del talento puro. Elegido segundo en 2011, bateó .316 en la serie regular de 2012-13, conectó cinco jonrones y fue Novato del Año. Su enorme proyección quedó interrumpida por su trágica muerte en 2014.

Víctor Robles y Leody Taveras llevaron la apuesta hacia jugadores de línea central, defensa, velocidad y capacidad para cambiar un partido. Robles militó con las Águilas antes de ser negociado, mientras Taveras ha evolucionado hasta convertirse en uno de los casos más completos del grupo.

Leody acumula 144 partidos entre serie regular y semifinales, promedio de .270, porcentaje de embasarse de .376 y OPS de .748. En 2025-26 bateó .280, con .393 de OBP y .806 de OPS en la vuelta regular

Es la clase de pick que reúne todo lo que busca una organización: proyección internacional, presencia en LIDOM, juventud, defensa premium y valor sostenido.

El costo de escoger antes que otro

Todo Draft debe juzgarse también por las oportunidades que quedaron disponibles.

En 2002, las Águilas escogieron a Víctor Díaz por delante de Edwin Encarnación. Díaz llegó a las Mayores y tuvo momentos importantes en LIDOM, por lo que no puede calificarse como un fracaso. Sin embargo, Encarnación desarrolló una carrera de otra dimensión.

En 2006 seleccionaron al relevista José Arredondo antes que Johnny Cueto. Arredondo poseía un brazo eléctrico y alcanzó las Grandes Ligas, pero Cueto terminó construyendo una carrera mucho más prolongada como abridor.

En 2009 tomaron a Wilin Rosario antes que Starling Marte. Rosario respondió tanto en MLB como en la pelota dominicana, aunque Marte alcanzó una jerarquía internacional superior.

Esos casos enseñan una verdad incómoda: una buena escogencia puede parecer menos brillante cuando detrás aparece una estrella.

El Draft no se evalúa únicamente preguntando si el elegido llegó. También hay que mirar quién estaba disponible, cuánto produjo el escogido y qué valor dejaron pasar los scouts.

Las escogencias que no despegaron

Keury de la Cruz, seleccionado en 2012, constituye el fracaso más claro entre los primeros picks. No llegó a las Grandes Ligas ni consiguió establecer una carrera significativa con las Águilas.

Michel Hernández, elegido en 2007, alcanzó MLB, pero aquella camada fue considerada por la propia organización como la menos productiva de su historia en el sorteo.

La distribución de los 23 primeros picks es de nueve jugadores del cuadro,nueved jardineros, dos  receptores y tres lanzadores. La tendencia principal no cambia: 20 de las 23 primeras selecciones han sido jugadores de posición.

Desde José Arredondo en 2006, las Águilas no han utilizado su primer turno en un lanzador. Son 19 ediciones consecutivas —sin contar el Draft suspendido de 2020— apostando primero por un bate.

Ese patrón revela una filosofía: construir el núcleo nativo alrededor de peloteros de todos los días y buscar el pitcheo en rondas posteriores, cambios, agencia libre o importaciones.

La nueva cosecha ofrece señales positivas

Alexander Canario, primera selección de 2021, produjo una línea ofensiva de .304/.411/.544, con cuatro jonrones y 16 remolcadas en 27 partidos de la serie regular 2024-25. Luego bateó .289 en el Round Robin. Su rendimiento fue suficientemente valioso para convertirse posteriormente en pieza de cambio con los Leones del Escogido.

escogido en 2022, ya debutó con las Águilas y llegó a las Grandes Ligas con Minnesota. En el torneo 2025-26 mostró disciplina, poder y capacidad para producir carreras. Su partido de cinco remolcadas y su ciclo en LIDOM dejaron una muestra del bate especial que posee.

Rafael Morel, Leodalis De Vries y Edward Florentino continúan bajo evaluación.

Morel ha estado en roster, pero todavía no ha consolidado una participación que permita medirlo. De Vries es una apuesta de techo enorme, todavía en desarrollo, mientras Florentino posee un perfil atlético de jardinero central, bate zurdo y poder en crecimiento. Los reportes le asignaron herramientas promedio o superiores en velocidad, brazo y defensa.

Fuentes: Hemos consultado para este reportaje a LIDOM y BeisbolData