Santo Domingo.- Hay mujeres cuya existencia no termina con la muerte. Permanecen vivas en las aulas que ayudaron a construir, en las ideas que sembraron y en la memoria de los pueblos que aprendieron de su ejemplo. Ercilia Pepín fue una de ellas. Su voz, firme y luminosa, continúa atravesando generaciones como un eco de dignidad, patriotismo y compromiso con la educación dominicana.
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