Si hay algo que cambia en Semana Santa… es lo que comemos. Durante este período, muchas familias dominicanas modifican sus hábitos alimenticios, dejando de lado la carne roja como parte de una práctica asociada a la tradición religiosa.
En su lugar, aumentan las preparaciones a base de pescado, que se posiciona como el principal plato en los hogares. Se consume frito, guisado o al horno, generalmente acompañado de arroz, ensaladas y víveres.

Asimismo, los mariscos forman parte importante del menú de la temporada. Camarones, pulpo y bacalao guisado son algunas de las opciones más frecuentes en la dieta durante estos días.
La oferta gastronómica también incluye otros platos tradicionales como locrio de arenque, arroz con coco y guisos elaborados con vegetales y granos. Estas preparaciones reflejan la diversidad culinaria que caracteriza la Semana Santa en el país.
En el ámbito de los postres, las habichuelas con dulce ocupan un lugar central en la tradición. A estas se suman dulces como el de coco, la jalea de batata y las frutas en almíbar, que suelen compartirse en familia.

Al final, no es solo comida… son sabores que unen generaciones… en Semana Santa la tradición se vive en la mesa. Estas prácticas mantienen vigentes costumbres que se transmiten de generación en generación en la sociedad dominicana.





