Santo Domingo.– Según se recoge en la Biblia, Israel es considerado “el pueblo elegido por Dios”.

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Esta idea ha sido utilizada a lo largo del tiempo como parte de narrativas promovidas desde distintos ámbitos políticos, religiosos y de poder, con interpretaciones que buscan legitimar intereses particulares.

Desde una perspectiva ética, si Dios existe, no podría establecer privilegios entre pueblos sin contradecir principios de igualdad, lo que abriría un debate sobre el uso de la religión como herramienta de diferenciación entre seres humanos.

La premisa de un “pueblo preferido” resulta cuestionable bajo la noción de que la humanidad comparte un origen común y valores universales, entre ellos la igualdad y la dignidad.

El conflicto en Irán ha reavivado estas interpretaciones, amplificadas en algunos discursos mediáticos y religiosos que apelan a fundamentos divinos para justificar acciones humanas.

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En ese contexto, diversas posturas han intentado justificar hechos como la muerte de civiles, incluidos niños, en escenarios de conflicto en territorios como Palestina, Líbano e Irán, bajo argumentos de carácter religioso.

Sin embargo, desde una visión humanitaria, resulta incompatible atribuir a una deidad la aprobación de la violencia contra personas no involucradas en acciones militares, especialmente cuando se trata de población civil.