Los limpiabotas, antes muy comunes en parques y plazas de República Dominicana, hoy se ven cada vez menos. Con su cajón, su silla y su cepillo, estos trabajadores siguen ofreciendo un servicio que para muchos era parte de la vida cotidiana urbana, aunque la juventud actual parece no interesarse por el oficio.

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Felipe Mejía, limpiabotas en la avenida Yolanda Guzmán con Teniente Amado en el Distrito Nacional, explicó a RCC Noticias que todavía vive de esta labor, aunque reconoce que cada vez menos jóvenes se dedican a ella.

Un trabajo que pocos quieren asumir

“A mí no me da vergüenza. Yo vivo de esto”, dice Mejía, al hablar de por qué cree que los limpiabotas han ido desapareciendo. “Tal vez la juventud no le gusta, pero a mí sí me ha gustado, como yo no puedo hacer otra cosa, yo perdí esa pierna en un accidente en el 2005. Y ya no puedo seguir con lo que hacía antes. Actualmente estoy limpiando esa parte para sobrevivir y me siento bien”.

Mejía trabaja todos los días de lunes a sábado. Los domingos los dedica a la iglesia y a compartir con su familia. Explica que no tiene una tarifa fija, pero los precios han ido subiendo por los gastos de transporte y distancia: “Antes cobraba 25 pesos, después 30, 35, 40… ahora tengo que cobrar 50 porque vivo lejos, vivo en Boca Chica, ando sin valientes, llevo 200 pesos y 225 de pasaje todos los días. Entonces, para poder, tuve que subir un poquito más”.

Sirviendo a quien lo necesite

Mejía dice que la cantidad de clientes varía: “Dependiendo, como puede ser 10, 20, 50, 30, depende lo que Dios manda, lo que Dios manda”. Desde su cajón y su silla, atiende a todos los que se acercan. “Por eso estoy aquí para servirle a todo el que venga”, asegura.

El limpiabotas también recuerda que alguna vez limpió los zapatos al expresidente Danilo Medina: “Claro que sí, a él, este es el presidente de la República, Danilo Medina, si era yo que le limpié los zapatos. Pero ya después que perdió no ha vuelto a venir nadie”.

A pesar de las dificultades, Felipe mantiene su trabajo con orgullo y dedicación, demostrando que aunque este oficio esté disminuyendo, todavía hay quienes lo ejercen para ganarse la vida y mantener vivo un legado que marcó generaciones.