Abelardo de la Espriella asumió este viernes como presidente de Colombia con la promesa de enfrentar “sin tregua” al narcoterrorismo y a las organizaciones criminales, además de descartar nuevas negociaciones de paz con los grupos armados.
Fin a los diálogos con grupos armados
El nuevo mandatario, de 48 años y aliado del presidente estadounidense Donald Trump, realizó su investidura en Cali, en una ceremonia marcada por un amplio despliegue de seguridad. De la Espriella aseguró que la opción del diálogo está agotada y que las organizaciones ilegales deberán someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza del Estado colombiano.
- La ceremonia contó con el despliegue de 11,000 militares y la activación de un sistema antidrones. También asistieron jefes de Estado, delegados de la Casa Blanca y cancilleres, incluido el de Israel.
De la Espriella anunció que buscará fortalecer las alianzas estratégicas con países que compartan valores democráticos y adelantó que suscribirá el “Escudo de las Américas”, una alianza de más de una decena de países liderada por Trump para combatir el crimen transnacional.
Erradicación de narcocultivos y megacárceles
Como parte de su estrategia de seguridad, el nuevo presidente prometió intensificar los bombardeos con apoyo de Israel y Estados Unidos, erradicar los narcocultivos “por todas las vías” y construir megacárceles similares a las de El Salvador.
- Su llegada al poder supone un giro frente al Gobierno de Gustavo Petro, cuyos diálogos con organizaciones armadas fueron dados por terminados por el nuevo mandatario.
De la Espriella también anunció la reducción del tamaño del Estado en un 40 %, el cierre de la oficina presidencial de paz y la de derechos humanos, así como la explotación de petróleo y gas mediante fracking y una reducción de impuestos a los más ricos.
La investidura ocurre en un contexto de violencia y conflicto armado, con unas 25,000 personas en armas, según un informe de la Fundación Ideas para la Paz basado en cifras oficiales. Expertos también expresaron preocupación por posibles daños a civiles si se intensifica la ofensiva contra grupos armados ubicados en zonas territoriales.





