Rafael Trujillo, de cuyo ajusticiamiento se cumplen hoy 65 años, llegó a ser dueño de toda la riqueza material y espiritual de República Dominicana y de la vida de todos sus ciudadanos, de la cual podía disponer cuando se le antojara. Subyugó santos y altares. Así de inmenso era su poder.
Nunca más





