A las 3:30 de la madrugada, cuando la mayoría todavía duerme, Yacira Matos ya está con sus manos en la masa. El silencio de la casa apenas dura unos minutos antes de que comiencen a escucharse el aceite caliente, las bandejas, las mezclas y el movimiento acelerado de una mujer que aprendió a dividir sus días entre la maternidad y el emprendimiento.

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