El Salón de la Plástica Mexicana celebra con exposición conjunta el 85 aniversario del IPN

Con una selección de piezas de creadores que forman parte de la colección artística del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), presentan la exposición Historia plástica del IPN, a 85 años de su creación.

En colaboración con la Dirección de Difusión Cultural del Politécnico, en la exposición destacan obras de artistas del Salón de la Plástica Mexicana (SPM),  entre ellos Gilberto Aceves Navarro, Raúl Anguiano, Pablo Amor, Arnold Belkin, Félix Beltrán, Rocío Caballero, Gerardo Cantú, Leonora Carrington, Sofía Bassi, Blanca Charolet, Arnaldo Coen, Lius Filcer, José Hernández Delgadillo, Carlos Jaurena, John McGhee, Flor Minor, Leonardo Nierman, Fernando Pacheco, Uriel Parker, Sebastián, Juan Soriano, Rufino Tamayo, Luis Y. Aragón, Beatriz Zamora, José Zúñiga y Aliria Morales.

En la muestra, que se realiza en el marco de la campaña #VolverAVerte, converge una amplia gama de estilos, técnicas y movimientos estéticos que remiten a la comunidad heterogénea que integra el Politécnico, siempre cercano a las vanguardias artísticas, como se puede apreciar en las diferentes corrientes arquitectónicas que conviven en la Unidad Zacatenco, la cual se enriquece con la escultura monumental que se integra a los espacios abiertos del plantel.

La colección del IPN comprende más de 100 años de arte mexicano, la cual inicia con uno de los precursores del muralismo: Saturnino Herrán; abarca el movimiento nacionalista mexicano de las primeras décadas del siglo XX, así como la llamada Ruptura, con artistas como Leonora Carrington, José Luis Cuevas, Beatriz Zamora y Vicente Rojo, y se enriquece con propuestas de creadores contemporáneos.

Cabe recordar que, hacia la segunda década del siglo XX y después de poco más de 10 años de conflicto armado, México comenzó una etapa de reconstrucción. Los ideales posrevolucionarios marcaban el camino de una nación que buscaba hacerse un lugar en la agenda internacional; para ello era necesario combatir la desigualdad social y sumarse al frenesí de la utopía moderna que depositaba el futuro de la humanidad en la ciencia y la tecnología.

Así, en 1936 se concreta la creación del Instituto Politécnico Nacional, el cual abría sus puertas a las clases menos favorecidas, mientras trabajaba en llevar a la vanguardia a nuestro país.

Bajo este contexto, los primeros años del IPN coinciden, en tiempo, con uno de los momentos más destacados de la plástica mexicana; caracterizado por tener una fuerte carga social, a la vez que buscaba hacer de las artes una experiencia accesible a toda la población. Durante estos años el movimiento muralista, liderado por Diego Rivera, José Clemente Orozco y  David Alfaro Siqueiros se encontraba en su apogeo; la Escuela Mexicana de Pintura se consolidaba, a la vez que el Taller de la Gráfica Popular surgía para explotar las posibilidades plásticas del grabado.

Por ello, desde sus orígenes, el Instituto ha permanecido cercano al desarrollo artístico de nuestro país; como ejemplo se encuentran las obras murales que resguardan sus escuelas, las cuales hacen referencia a la fe que el hombre depositaba en la ciencia para dirigir a la humanidad a una nueva era; o bien, el desarrollo de la piroxilina, pintura creada por Siqueiros en colaboración con alumnos de la Escuela Superior de Ingeniería del IPN.

Que sea esta muestra un primer acercamiento a la vasta colección que resguarda el Instituto Politécnico Nacional y una invitación al público a que recorra sus instalaciones para conocer más de la plástica mexicana del siglo XX.

La exposición podrá visitarse del viernes 3 de diciembre del presente año hasta el domingo 16 de enero de 2022 en el Salón de la Plástica Mexicana, ubicado en Colima 196, colonia Roma Norte, de martes a domingo de 11:00 a 17:00 horas. La entrada es gratuita.

Se contará con un estricto apego a las medidas de protección para las y los asistentes, las cuales consisten en un filtro con tapete desinfectante, aplicación de gel antibacterial, revisión de la temperatura que no rebase los 37.5ºC, uso obligatorio de cubreboca y respeto a la sana distancia, además de aforo limitado.